Crisis Infinita.
Sufro un terremoto interior desde que me llegaron las palabras. Llegaron y se tumbaron como este jueves lo hace en el calendario. Y esta intromisión en mí mismo me complace y desespera. Y sí, lo admito. Es cierto. Estoy envuelto en una crisis poética de connotaciones mastodónticas. Y sí, también sé lo extremista que puedo llegar a ser. Estiro el brazo hasta el radical, y acariciándolo tiendo a perderme. Mi límite emocional tiende a infinito. Me considero un proyecto de soñador. Pero de soñador frustrado; porque una persona con una mínima capacidad de ambicionar algo, padecerá intrínseco a su vida un látigo de frustración y quiebro. Como un hilo que se va hilvanando sin aguja, y haces nudos y más nudos indistintamente. Porque todo tiene que hilvanarse, fluir (aunque no lo hace). No me gusta esta sensación. Tampoco me disgusta, pero no me comprendo. Y no comprenderme resulta de una tremenda excitación y ambigüedad. Ambigüedad porque el día tiene muchas horas y yo duermo muy...

Vaya por Dios! Años hace de aquello...
ResponderEliminarPero esa fotografía marcó un punto crítico en nuestras vidas. Cuánto nos hizo ese viaje.
ResponderEliminarUna mísera escapada a la sierra que tanto he pisado, y ahora no nos vale un mundo...
ResponderEliminar